miércoles, 25 de diciembre de 2013

Tu regalo de Navidad


Hacía mucho frío, tenía el cuerpo tan congelado por la nieve que apenas podía seguir andando. Por las ventanas de las casas veía a la gente viendo la tele con sus mantas, chimeneas y adornos navideños por todas partes. Algo que yo envidiaba ya que siempre había estado sola. La navidad para mi no significaba nada. No tenía ni idea de porqué ese… ser me habían enviado a ese destino, pero no tenía nada que perder.

Cuando pasé el pueblo y me adentré en la colina, se levantó un viento insoportable que hacía que me retumbara la cabeza. El cielo se me abrió de repente cuando divisé la entrada de una cueva. Mi destino.

Entré con cuidado y sin hacer mucho ruido aunque era imposible oír nada. Suspiré y descubrí dentro un largo túnel de donde salía una extraña luz que se hacía cada vez más grande. Quería huir, esconderme pero pensar en salir de allí era una idea que había desechado hacía rato. Me senté en el suelo y agarré mis piernas poniendo la cara entre las rodillas como una niña pequeña.

Una antorcha asomó del túnel seguida por una mano y un chico que parecía un poco mayor que yo. Sus cabellos eran rubios y sus ojos de un azul frío. Me ofreció una sonrisa y su mano cuando dijo: “Bienvenida a casa, preciosa”. No sabía quien era pero su voz era tan cálida y me resultó tan familiar que me cogí de su mano y dejé que me guiara donde fuese.

Tras unos diez minutos recorriendo el túnel llegamos a una especie de habitación que me asombró. Había una cama con muchas mantas, un fuego, una alfombra, una mesa con comida y un árbol de navidad.

-¿Quién eres?, ¿qué es esto?- Pregunté.
-Tu regalo de Navidad- Sonrió.



Feliz navidad a todos.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

El Pozo de Arán II

Dentro había una especie de taller bastante amplio donde un par de jóvenes hablaban hasta que los vieron entrar. Se callaron y los miraron como si pretendieran saber qué se tenían esos dos entre manos.
-No les hagas caso -. Dijo el muchacho y entró en una especie de probador (un amplio rincón tapado por una cortina). Ella se sorprendió al ver allí una escalera y un hueco en el techo que cuando el muchacho lo abrió se dio cuenta que daba a la calle.
-¡Oh!-. Sólo pudo decir.
-Por aquí se sale al callejón de atrás de la joyería. Espérame un segundo que te acompaño.
-¡No! Tengo que ir sola. Gracias, pero será mejor que me des la joya y te olvides de esto, ¿sí?
-No. Te voy a ayudar porque esas dos, creo que se han dado cuenta de que no estás.
-Pero…
-Oye, no todos los días se presenta en una joyería una damisela tan guapa en apuros -. Los dos sonrieron, pero cuando ella se dio cuenta le dijo:
-He pagado la joya, dámela y punto.
-¿Eres caza tesoros o qué?-antes de que contestara él ya había vuelto a la tienda.
Ella no sabía qué hacer, ya había sido demasiado complicado el llegar allí y encontrar la joya antes de que se la robaran, como para ahora cargar con un guapo español muy pesado. Pero en fin, dicen que todo el mundo necesita alguna vez ayuda, y si esa era su vez, a pesar de su condición de guerrera, no la iba a rechazar. De todos modos cogería un avión hacia el norte y de allí un barco hacia Islandia para llegar a las islas de Arán tal como decían las instrucciones que le habían dado y ella pensaba que él no sería tan tonto como para querer seguirla. Una cara bonita no daba para tanto.
-Vamos -. Dijo el muchacho cuando apareció. La verdad es que estaba mucho mejor sin ese uniforme extraño.
Salieron a la calle, bajaron unos metros y volvieron a la calle principal. Era una vía bastante larga en donde tenían que conseguir un taxi que la llevara al aeropuerto. Cuando el taxi paró él se metió dentro antes de que ella dijera nada.
-¿Cuál es tu nombre? -. Le preguntó ella para romper el hielo.
-Pablo -. Respondió.
-¿Te importa si te llamo Paul? Me es más familiar ya que hablo inglés al ser del norte y… –. Al darse cuenta del error que acababa de cometer diciéndole a Paul su procedencia se golpeó la cabeza con la mano.
-¿Pasa algo?
-No debí decirte de donde soy.
-¿Por? Así nos podemos ir conociendo. Yo nací aquí hace unos veinti…
-¡Yo no quiero conocerte!-. Su reacción fue tan violenta que tuvo que sincerarse para calmar la situación-. Bueno, no es que no quiera, pero no debo. Ahora no, pero quizá nos volvamos a encontrar en otro momento y podamos hablar y, no sé, conocernos… -. Los dos sonrieron -. Será mejor que le digas al taxista donde te quieres bajar antes de que lleguemos al aeropuerto.
-Yo voy donde tú vayas.
-Pero si voy a Islandia. ¿Estás loco o qué? Ni siquiera me conoces, podría ser una asesina o… algo peor -. Ella no entendía por qué él iba a cometer la enorme estupidez de seguirla sin tener idea de quién era, pero de todas formas no iba a permitir que él descubriera donde se dirigía. Le agradecía mucho el haberla ayudado e incluso llegó un momento a agradecer su compañía, pero eso no era motivo suficiente para dejarlo acompañarle, además, ¿y si el asesino era él? ¿Y si era un psicópata o un violador?
Le miró y la idea de que él pudiera hacerle daño se esfumó al ver su sonrisa.
-Es un riesgo que estoy dispuesto a cometer -. Dijo él dejando que a ella le consumiera una efímera rabia seguida de rubor.
-Pero, ¿por qué? Venir conmigo solo te traerá problemas. Cuando lleguemos al aeropuerto te quedas en el taxi y te vas a tu casa, ¿entendido?
-¿Crees en el amor a primera vista? -. Le preguntó él con un gesto perverso.
-No
-Pues yo sí, y creo que en este momento lo estoy experimentando.
-Ya hemos llegado. Me bajo aquí. Tú no lo hagas. Espero que no nos volvamos a ver.
-En el fondo no quieres que me vaya, necesitas a alguien a tu lado y ese soy yo.
-No -. Estaba al borde de la desesperación pero él no le hizo caso y bajó del taxi, le pagó al taxista (cosa que ella intentó evitar pero no logró) y se internaron juntos en el aeropuerto dejándole con la esperanza de perderlo entre toda la gente que había.
Ella compró un billete hacia Bilbao y él, a pesar de que ella intentó evitarlo, hizo lo mismo. El avión no partía hasta cuatro horas después cosa que hizo que por unos momentos ella agradeciera la presencia de Paul.

Ráfagas del pasado II

De repente me ha venido el odio. Odio hacia esa persona que en menos de un mes me ha arruinado parte de mi vida. Parte de mi vida que era esencial, era prácticamente mi columna vertebral... ¿por qué? Por que han llegado noticias nuevas. Noticias que me golpean en lo más hondo.
Han pasado unas horas desde entonces y ya estoy calmada, cansada y feliz, pero ese rencor sigue ahí, dentro de mí, esperando a salir en el peor momento y acabar malamente con toda esta locura. Quiero olvidarlo todo, hacer como si nada hubiera pasado, como si esa persona no existiera, ni la otra… ni ninguna persona que me impide ser feliz. Encontrar las personas que me hacen feliz y no soltarlas aunque la vida quiera lo contrario. Aferrarme a ellos como si no hubiera mundo después de ellos (manteniendo siempre mi independencia).

Y así, otro capítulo en mi triste vida.



El olvido puede se la forma más refinada de la venganza. Carlos Dummod de Andrade

lunes, 16 de diciembre de 2013

Looking for angels

Sé que me vigilan, en cualquier momento aparecerá uno de ellos para acabar con mi vida. Tengo miedo, pero estoy dispuesta a luchar. Antes al menos los percibía, pero ahora que no soy lo que era, ando con desventaja. Los de arriba me han abandonado para poder salvarse ellos, los de abajo me buscan para acabar conmigo. Soy fuerte pero no sé por cuánto tiempo más seguiré siéndolo. Necesito ayuda. No tengo a quién acudir. Por favor Dios, si alguna vez me consideraste uno de los tuyos, ayúdame. Ayúdame o acaba cuanto antes con esta incertidumbre de saber dónde y en qué condiciones estaré mañana.
.........................................................................................................................................................
Hay una canción que me inspira una historia muy chula pero que no sé cómo escribirla... tampoco tengo tiempo de pensarla, a ver sí para verano empiezo a tener más tiempo libre y la voy desarrollando un poco. Esto es sólo un boceto.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Ráfagas del pasado

Me siento frustrada, engañada, traicionada... no sé qué hacer, es simplemente un gesto tonto pero... me afecta bastante. Pensé que había pasado ya todo, que podía respirar e intentar ser feliz pero no sé... diciembre es traicionero. Siempre hay algo que fastidia el momento y por mucha nimiedad que sea ese "algo" fastidia bastante.
Ahora que estaba fascinada por unos ojos y nuevos ideales el pasado viene como una horrible ráfaga fría de viento y me golpea en la cara.
Pero creo que esta vez soy más fuerte, que puedo con ello. Simplemente dejaré de pensar en ello, ¡tengo muchas cosas nuevas en las que pensar! Mucha gente y muchos proyectos y muchos deberes como persona...

Ya veremos cómo acaba la historia... en el fondo tengo miedo.

jueves, 5 de diciembre de 2013

El Pozo de Arán

Tras salir de la última joyería solo le quedaba una. Debía estar allí, no había otra opción. Entró en  en establecimiento aun sabiendo que esas dos le perseguían, pero ella no vaciló, si su pueblo la consideraba una guerrera sería por algo.
Allí había un par de clientes y tres o cuatro vendedores: dos hombres y una o dos mujeres. Estuvo mirando un poco por las vitrinas hasta que los clientes que había se fueron (tiempo suficiente para que esas dos –su tía y prima- entraran dificultando su fuga con la joya). Se acercó al mostrador y le pidió a una mujer que le enseñara ciertos collares de plata mientras las otras dos miraban las vitrinas con disimulo justo como ella había hecho hacía unos segundos. Cuando la mujer le trajo el género y lo abrió enseguida reconoció la pieza que buscaba: una maravillosa estrella con forma de copo de nieve de un tamaño bastante grande. Consiguió que la mujer la dejara a solas con las joyas mientras iba a atender a las otras dos mujeres. Uno de los chicos mucho más joven que la mujer que le atendió (quizá fuera su madre) no le quitaba la vista de encima para evitar que robara algo. El otro se acercó y sin dudarlo le preguntó su nombre.
-Eh… Estrella - Sonrió -.  Me gustaría llevarme esta pieza -dijo al ver que sus perseguidoras estaban siendo entretenidas.
-¿Se la envuelvo? - Le preguntó el chico mostrando su preciosa sonrisa.
-Sí, digo no, bueno, le agradecería que si pudiera meterlo en un trozo de tela sin caja…
-Lo que usted diga pero, por favor háblame de tú -. Ella sonrió.
-¿Podrías hacerme un favor?-. No tenía escapatoria así que decidió arriesgar-. Esas dos mujeres llevan un tiempo persiguiéndome, quieren robar la joya, ¿podrías ayudarme?
-¿La vas a pagar?
-Claro que sí -dijo ella y sacó una buena cantidad de dinero-. Coge lo que haga falta -. El muchacho cogió el dinero.
-Sígueme la corriente -dijo y alzó la voz -. Ese tipo de relojes los tenemos dentro, acompáñeme por favor -. Cuando ella fue a coger la joya, él se la arrebató de las manos, le susurró un “espera” y la hizo pasar adentro con la mala suerte de que se le cayó la cartera con unas cuantas tarjetas. Ella se agachó a recogerlas y él rodeó el mostrador y fue en su ayuda.
- Gracias -dijo ella.
-De nada Anabel -dijo él en tono acusativo mirando su D.N.I. Ella sonrió con timidez. Se había dado cuenta de su mentira, ¿le seguiría ayudando?
-Eh… yo…
-Acompáñame dentro -. Ella siguió al muchacho sintiéndose mal por haberle mentido aunque realmente no lo había hecho.



Los que pueden actúan, y los que no pueden, y sufren por ello, ESCRIBEN. William Faulkner