
Eva no era su novia ni lo sería nunca; eso lo tenía claro. Odiaba las relaciones. (...) Sólo salían juntos de vez en cuando. Y follaban. Mucho. Casi tanto como hablaban y reían.
Era cómodo estar con ella. Podían salir, charlar, reír y follar sin que los sentimientos se metieran entre ellos, jodiendolo todo.
(...) Lo mejor de todo era que ella no daba la impresión de tener ningún interés en darle nombre a lo que fuera que hubiera entre ellos; menos aún en exigirle algún tipo de compromiso o vínculo.
No sabría decir quién es más cabezón de los dos: ¿Adán? ¿O Eva?...
SINOPSIS
La convivencia no es fácil en una comunidad de vecinos. En la mía hay malentendidos, vecinos cotillas, ancianas de rígidas tradiciones, mujeres de disipadas costumbres (por lo visto, una de ésas soy yo), apuestos metrosexuales y, aunque te cueste creerlo, hasta un par de personas que están en sus cabales. Bueno, más o menos…
En medio de esta fauna urbana vivía muy tranquila, hasta que me he vuelto loca por un nuevo vecino… Es un hombre solitario, de mirada taciturna y labios golosos que se ha instalado hace un par de meses con su abuela, que, por cierto, es mi enemiga acérrima. ¡Estoy pensando en liarme con él sólo para molestarla! Aunque, claro, el que cada vez que lo veo me muera por besarlo es un plus.
Y por si esto no fuera suficiente para alterar mi (escasa) paz mental, ahora también tenemos a un macabro bromista que se dedica a dejarnos regalitos en los descansillos de la escalera. ¡Espera a que lo pille!
No recuerdo muy bien cómo llegué a No lo llames amor, supongo buscaba algún libro para llevarme de la Fnac y me llamó la atención. Aunque con el poco tiempo libre que tengo y la edición que no es muy sencilla de leer tardé en acabarlo, la novela mereció la pena. La historia sucede en Madrid presentando los vecinos del edificio de Eva, nuestra protagonista. Eva Borrego vive en el barrio de La Latina del que está enamorada, no obstante, al vecindario que le ha tocado lo odia. Eva tiene 37 años y dos sueños que cumplir en poco tiempo: encontrar un trabajo fijo y estable (de ahí que esté opositando) y tener un hijo. La protagonista de esta historia es alocada, divertida, atrevida, sin pelos en la lengua y muy sincera, tanto que puede llegar a incomodar. En el edificio de Eva existe una “guerra” entre dos facciones: los pisos interiores y los exteriores (los simpatizantes de la familia Borrego y de la Vega-Sombría). De ésta última forma parte Adán, el protagonista masculino. Un chico tranquilo, sosegado que, tras un sonado divorcio y que su abuela Dolores se enfermara, vive dedicado a ésta saliendo de casa lo justo para acompañarla a sus tareas. La convivencia con su abuela no es fácil, sobretodo, porque su casa le trae malos recuerdos de su pasado, la pérdida de su madre y los problemas que tiene con su familia, en especial con su padre. A parte de Eva, Adán y su abuela, en esta historia, la mayoría de los vecinos del edificio son importantes, destacando a Gala (pro Borrego y madre soltera de dos niñas que se verá en un dilema entre dos vecinos) y a Cruz (pro Borrego y teniendo dificultades con la negación de su pareja de salir del armario ante su familia). Dos veces al mes Eva deja en el buzón de los Vega-Sombría regalitos para fastidiar a su enemiga Dolores. Un día, Adán, al recogerlo personalmente, decide que la cosa debe acabar y buscar a la Borrego para hablar con ella. Lo que no se espera el “heredero pródigo” es que Eva no es lo que se esperaba y ambos quedan fascinados el uno del otro, de manera que conforme pasan los días, dan rienda suelta a su pasión. Como podéis suponer, cuando Dolores se entera, le reprocha a su nieto lo que hace, no obstante, se da cuenta que Adán está cambiando; su nieto está más alegre, se ríe, sale, empieza a disfrutar de la vida. Todo este asunto se ve envuelto además en que alguien comienza a hacer canalladas en el edificio: una mañana toda la escalera y descansillos del edificio amanece lleno de heces, otra un charco de suavizante provoca la caída de uno de los niños del lugar, otro la llenan con vísceras, riñones, sangre… El libro comienza hablando directamente al lector cuando Eva se presenta y presenta a todos, sin embargo, la mayoría del relato la cuenta un narrador omnisciente. Además, se intercalan pequeñas partes en primera persona donde conocemos los pensamientos de un vecino anónimo que es el que siembra el caos en el edificio. Éste, en un principio comienza con fechorías más leves dirigidas a sus vecinos (párrafo anterior), pero luego empiezan los cadáveres de animales destripados, bombones con alfileres, ácido… Dejando de lado la oscuridad que se ciñe sobre el edificio, la relación entre los protagonistas va creciendo poco a poco, comienzan a abrirse, a sincerarse sobre sus familias, sus preocupaciones… mezclando estos momentos con mucho sexo, algo que ambos defienden como lo único que les une: puro sexo. Sin embargo, conforme va avanzando su relación, Eva se da cuenta de que está enamorada de él y Adán niega sentir nada por ella, de manera que cuando Eva le cuenta sus deseos más personales (trabajo fijo y un hijo) huye. Me gustaría destacar tanto Halloween como Navidad que la autora lo divide en dos: en Halloween deja la historia de Adán y Eva de lado y se centra en la historias de Cruz (que tras mucho alcohol le cuenta a su novio su malestar respecto al secretismo ante su familia sobre su relación) y Gala (que disfruta de una noche inolvidable en el parque de atracciones con uno de sus pretendientes); y en Navidad también divide la historia de Cruz (visita a la familia de su pareja) y la de los vecinos. El lenguaje que usa Noelia Amarillo es sencillo, fácil de entender, hace alusión a ciertos aspectos como películas, lugares… que anclan la novela a la época en la que se escribió (2017) por lo que es bastante actual. La novela tiene mucho contenido erótico que es tratado de manera detallista pero sin ser soez ni de mal gusto aunque use palabras vulgares. No obstante, he de decir que en un principio, se me hizo un poco pesada la lectura quizá por que estoy acostumbrada a una tipología de letra un poco más grande y separada. Para finalizar diré que, aunque me ha costado un poco, me lo he pasado muy bien con este libro ya que de alguna manera, la trama principal se divide en cuatro ramas, una de la cual (el tema del vecino psicópata) me parece muy intrigante y me ha encantado indagar y hacer juicios sobre la identidad de éste. Sin hacer spoiler he de decir que no acerté en ninguna de mis sospechas. Recomiendo este libro para pasar un buen rato y en cuanto a su calificación (que llevo un par de reseñas sin ponerla) le pondría un 7 por todo lo dicho anteriormente y, aunque el final no me ha acabado de gustar, me ha encantado verme envuelta en esta trama. Un saludo!! No lo llames amor. Noelia Amarillo
No recuerdo muy bien cómo llegué a No lo llames amor, supongo buscaba algún libro para llevarme de la Fnac y me llamó la atención. Aunque con el poco tiempo libre que tengo y la edición que no es muy sencilla de leer tardé en acabarlo, la novela mereció la pena. La historia sucede en Madrid presentando los vecinos del edificio de Eva, nuestra protagonista. Eva Borrego vive en el barrio de La Latina del que está enamorada, no obstante, al vecindario que le ha tocado lo odia. Eva tiene 37 años y dos sueños que cumplir en poco tiempo: encontrar un trabajo fijo y estable (de ahí que esté opositando) y tener un hijo. La protagonista de esta historia es alocada, divertida, atrevida, sin pelos en la lengua y muy sincera, tanto que puede llegar a incomodar. En el edificio de Eva existe una “guerra” entre dos facciones: los pisos interiores y los exteriores (los simpatizantes de la familia Borrego y de la Vega-Sombría). De ésta última forma parte Adán, el protagonista masculino. Un chico tranquilo, sosegado que, tras un sonado divorcio y que su abuela Dolores se enfermara, vive dedicado a ésta saliendo de casa lo justo para acompañarla a sus tareas. La convivencia con su abuela no es fácil, sobretodo, porque su casa le trae malos recuerdos de su pasado, la pérdida de su madre y los problemas que tiene con su familia, en especial con su padre. A parte de Eva, Adán y su abuela, en esta historia, la mayoría de los vecinos del edificio son importantes, destacando a Gala (pro Borrego y madre soltera de dos niñas que se verá en un dilema entre dos vecinos) y a Cruz (pro Borrego y teniendo dificultades con la negación de su pareja de salir del armario ante su familia). Dos veces al mes Eva deja en el buzón de los Vega-Sombría regalitos para fastidiar a su enemiga Dolores. Un día, Adán, al recogerlo personalmente, decide que la cosa debe acabar y buscar a la Borrego para hablar con ella. Lo que no se espera el “heredero pródigo” es que Eva no es lo que se esperaba y ambos quedan fascinados el uno del otro, de manera que conforme pasan los días, dan rienda suelta a su pasión. Como podéis suponer, cuando Dolores se entera, le reprocha a su nieto lo que hace, no obstante, se da cuenta que Adán está cambiando; su nieto está más alegre, se ríe, sale, empieza a disfrutar de la vida. Todo este asunto se ve envuelto además en que alguien comienza a hacer canalladas en el edificio: una mañana toda la escalera y descansillos del edificio amanece lleno de heces, otra un charco de suavizante provoca la caída de uno de los niños del lugar, otro la llenan con vísceras, riñones, sangre… El libro comienza hablando directamente al lector cuando Eva se presenta y presenta a todos, sin embargo, la mayoría del relato la cuenta un narrador omnisciente. Además, se intercalan pequeñas partes en primera persona donde conocemos los pensamientos de un vecino anónimo que es el que siembra el caos en el edificio. Éste, en un principio comienza con fechorías más leves dirigidas a sus vecinos (párrafo anterior), pero luego empiezan los cadáveres de animales destripados, bombones con alfileres, ácido… Dejando de lado la oscuridad que se ciñe sobre el edificio, la relación entre los protagonistas va creciendo poco a poco, comienzan a abrirse, a sincerarse sobre sus familias, sus preocupaciones… mezclando estos momentos con mucho sexo, algo que ambos defienden como lo único que les une: puro sexo. Sin embargo, conforme va avanzando su relación, Eva se da cuenta de que está enamorada de él y Adán niega sentir nada por ella, de manera que cuando Eva le cuenta sus deseos más personales (trabajo fijo y un hijo) huye. Me gustaría destacar tanto Halloween como Navidad que la autora lo divide en dos: en Halloween deja la historia de Adán y Eva de lado y se centra en la historias de Cruz (que tras mucho alcohol le cuenta a su novio su malestar respecto al secretismo ante su familia sobre su relación) y Gala (que disfruta de una noche inolvidable en el parque de atracciones con uno de sus pretendientes); y en Navidad también divide la historia de Cruz (visita a la familia de su pareja) y la de los vecinos. El lenguaje que usa Noelia Amarillo es sencillo, fácil de entender, hace alusión a ciertos aspectos como películas, lugares… que anclan la novela a la época en la que se escribió (2017) por lo que es bastante actual. La novela tiene mucho contenido erótico que es tratado de manera detallista pero sin ser soez ni de mal gusto aunque use palabras vulgares. No obstante, he de decir que en un principio, se me hizo un poco pesada la lectura quizá por que estoy acostumbrada a una tipología de letra un poco más grande y separada. Para finalizar diré que, aunque me ha costado un poco, me lo he pasado muy bien con este libro ya que de alguna manera, la trama principal se divide en cuatro ramas, una de la cual (el tema del vecino psicópata) me parece muy intrigante y me ha encantado indagar y hacer juicios sobre la identidad de éste. Sin hacer spoiler he de decir que no acerté en ninguna de mis sospechas. Recomiendo este libro para pasar un buen rato y en cuanto a su calificación (que llevo un par de reseñas sin ponerla) le pondría un 7 por todo lo dicho anteriormente y, aunque el final no me ha acabado de gustar, me ha encantado verme envuelta en esta trama. Un saludo!! No lo llames amor. Noelia Amarillo
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