miércoles, 26 de febrero de 2020

No lo llames amor

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Eva no era su novia ni lo sería nunca; eso lo tenía claro. Odiaba las relaciones. (...) Sólo salían juntos de vez en cuando. Y follaban. Mucho. Casi tanto como hablaban y reían.
Era cómodo estar con ella. Podían salir, charlar, reír y follar sin que los sentimientos se metieran entre ellos, jodiendolo todo. 
(...) Lo mejor de todo era que ella no daba la impresión de tener ningún interés en darle nombre a lo que fuera que hubiera entre ellos; menos aún en exigirle algún tipo de compromiso o vínculo.

No sabría decir quién es más cabezón de los dos: ¿Adán? ¿O Eva?...

SINOPSIS
La convivencia no es fácil en una comunidad de vecinos. En la mía hay malentendidos, vecinos cotillas, ancianas de rígidas tradiciones, mujeres de disipadas costumbres (por lo visto, una de ésas soy yo), apuestos metrosexuales y, aunque te cueste creerlo, hasta un par de personas que están en sus cabales. Bueno, más o menos…

En medio de esta fauna urbana vivía muy tranquila, hasta que me he vuelto loca por un nuevo vecino… Es un hombre solitario, de mirada taciturna y labios golosos que se ha instalado hace un par de meses con su abuela, que, por cierto, es mi enemiga acérrima. ¡Estoy pensando en liarme con él sólo para molestarla! Aunque, claro, el que cada vez que lo veo me muera por besarlo es un plus.

Y por si esto no fuera suficiente para alterar mi (escasa) paz mental, ahora también tenemos a un macabro bromista que se dedica a dejarnos regalitos en los descansillos de la escalera. ¡Espera a que lo pille!


No recuerdo muy bien cómo llegué a No lo llames amor, supongo buscaba algún libro para llevarme de la Fnac y me llamó la atención. Aunque con el poco tiempo libre que tengo y la edición que no es muy sencilla de leer tardé en acabarlo, la novela mereció la pena. La historia sucede en Madrid presentando los vecinos del edificio de Eva, nuestra protagonista. Eva Borrego vive en el barrio de La Latina del que está enamorada, no obstante, al vecindario que le ha tocado lo odia. Eva tiene 37 años y dos sueños que cumplir en poco tiempo: encontrar un trabajo fijo y estable (de ahí que esté opositando) y tener un hijo. La protagonista de esta historia es alocada, divertida, atrevida, sin pelos en la lengua y muy sincera, tanto que puede llegar a incomodar. En el edificio de Eva existe una “guerra” entre dos facciones: los pisos interiores y los exteriores (los simpatizantes de la familia Borrego y de la Vega-Sombría). De ésta última forma parte Adán, el protagonista masculino. Un chico tranquilo, sosegado que, tras un sonado divorcio y que su abuela Dolores se enfermara, vive dedicado a ésta saliendo de casa lo justo para acompañarla a sus tareas. La convivencia con su abuela no es fácil, sobretodo, porque su casa le trae malos recuerdos de su pasado, la pérdida de su madre y los problemas que tiene con su familia, en especial con su padre. A parte de Eva, Adán y su abuela, en esta historia, la mayoría de los vecinos del edificio son importantes, destacando a Gala (pro Borrego y madre soltera de dos niñas que se verá en un dilema entre dos vecinos) y a Cruz (pro Borrego y teniendo dificultades con la negación de su pareja de salir del armario ante su familia). Dos veces al mes Eva deja en el buzón de los Vega-Sombría regalitos para fastidiar a su enemiga Dolores. Un día, Adán, al recogerlo personalmente, decide que la cosa debe acabar y buscar a la Borrego para hablar con ella. Lo que no se espera el “heredero pródigo” es que Eva no es lo que se esperaba y ambos quedan fascinados el uno del otro, de manera que conforme pasan los días, dan rienda suelta a su pasión. Como podéis suponer, cuando Dolores se entera, le reprocha a su nieto lo que hace, no obstante, se da cuenta que Adán está cambiando; su nieto está más alegre, se ríe, sale, empieza a disfrutar de la vida. Todo este asunto se ve envuelto además en que alguien comienza a hacer canalladas en el edificio: una mañana toda la escalera y descansillos del edificio amanece lleno de heces, otra un charco de suavizante provoca la caída de uno de los niños del lugar, otro la llenan con vísceras, riñones, sangre… El libro comienza hablando directamente al lector cuando Eva se presenta y presenta a todos, sin embargo, la mayoría del relato la cuenta un narrador omnisciente. Además, se intercalan pequeñas partes en primera persona donde conocemos los pensamientos de un vecino anónimo que es el que siembra el caos en el edificio. Éste, en un principio comienza con fechorías más leves dirigidas a sus vecinos (párrafo anterior), pero luego empiezan los cadáveres de animales destripados, bombones con alfileres, ácido… Dejando de lado la oscuridad que se ciñe sobre el edificio, la relación entre los protagonistas va creciendo poco a poco, comienzan a abrirse, a sincerarse sobre sus familias, sus preocupaciones… mezclando estos momentos con mucho sexo, algo que ambos defienden como lo único que les une: puro sexo. Sin embargo, conforme va avanzando su relación, Eva se da cuenta de que está enamorada de él y Adán niega sentir nada por ella, de manera que cuando Eva le cuenta sus deseos más personales (trabajo fijo y un hijo) huye. Me gustaría destacar tanto Halloween como Navidad que la autora lo divide en dos: en Halloween deja la historia de Adán y Eva de lado y se centra en la historias de Cruz (que tras mucho alcohol le cuenta a su novio su malestar respecto al secretismo ante su familia sobre su relación) y Gala (que disfruta de una noche inolvidable en el parque de atracciones con uno de sus pretendientes); y en Navidad también divide la historia de Cruz (visita a la familia de su pareja) y la de los vecinos. El lenguaje que usa Noelia Amarillo es sencillo, fácil de entender, hace alusión a ciertos aspectos como películas, lugares… que anclan la novela a la época en la que se escribió (2017) por lo que es bastante actual. La novela tiene mucho contenido erótico que es tratado de manera detallista pero sin ser soez ni de mal gusto aunque use palabras vulgares. No obstante, he de decir que en un principio, se me hizo un poco pesada la lectura quizá por que estoy acostumbrada a una tipología de letra un poco más grande y separada. Para finalizar diré que, aunque me ha costado un poco, me lo he pasado muy bien con este libro ya que de alguna manera, la trama principal se divide en cuatro ramas, una de la cual (el tema del vecino psicópata) me parece muy intrigante y me ha encantado indagar y hacer juicios sobre la identidad de éste. Sin hacer spoiler he de decir que no acerté en ninguna de mis sospechas. Recomiendo este libro para pasar un buen rato y en cuanto a su calificación (que llevo un par de reseñas sin ponerla) le pondría un 7 por todo lo dicho anteriormente y, aunque el final no me ha acabado de gustar, me ha encantado verme envuelta en esta trama. Un saludo!! No lo llames amor. Noelia Amarillo

martes, 25 de febrero de 2020

Mujeres que compran flores

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Y hasta que no asumas que Óscar no era tan perfecto, que probablemente se equivocó contigo en muchas cosas como lo hacemos todos, e incluso que te hizo daño y le perdones... no podrás dejarle ir. Ni liberarte. Hay veces que tenemos que dejar de fustigarnos. Aceptar algo mucho más doloroso que haber decepcionado a los demás. Y es que son los demás los que nos han decepcionado a nosotros.

No hay que divinizar a nadie por mucho que lo parezca, ¿verdad Marina?

SINOPSIS
En un pequeño y céntrico barrio de la ciudad hay cinco mujeres que compran flores. Al principio ninguna lo hace para sí misma: una las compra para su amor secreto, otra para su despacho, la tercera para pintarlas, otra para sus clientas y la última para un muerto. La última soy yo y ésta es mi historia.

Después de la pérdida de su pareja, Marina se da cuenta de que está totalmente perdida: había ocupado el asiento del copiloto durante demasiado tiempo. Buscando empezar de cero acepta un trabajo provisional en una curiosa floristería llamada El Jardín del Ángel. Allí conocerá a otras mujeres muy diferentes entre sí, pero que, como ella, se encuentran en una encrucijada vital con respecto a su trabajo, sus amantes, sus deseos o su familia. De la relación entre ellas y Olivia, la excéntrica y sabia dueña del local, surgirá una estrecha amistad de la que dependerá el nuevo rumbo que tomará sus vidas.


Hace tiempo que tenía este libro en mis manos porque mi amiga Esther  me lo recomendó porque me iba a encantar, es más también lo reseñó en su blog (al final de la reseña podéis encontrar el link ;D) y le puso buena nota. No obstante, aunque es un buen libro, cuenta con muchas reflexiones, consejos... me gustó pero no acabó de encantarme tanto como a ella.

La historia comienza presentándonos a Marina de 40 años que pasó casi toda su vida con Óscar su ex de quien se volvió dependiente y, aunque él falleció hace más de un año, ella no está acostumbrada a estar sola, sufre lo que sus amigas llaman el "Síndrome del copiloto". Marina nos cuenta cómo llegó a El Jardín del Ángel y cómo tanto Olivia la dueña de la floristería, como otras cuatro mujeres (de las que hablaré más adelante) comenzaron a juntarse ciertas noches y a ayudarse las unas a las otras mediante sus historias y consejos. 

Era mucho más fácil entregarle el papel protagonista de mi vida a otro. Para no llamar demasiado la atención por si me equivocaba en uno de mis parlamentos; para pasar desapercibida ante la crítica.

Ubicamos a Marina en el mar, a bordo del Peter Pan en su travesía de 8 días hacia Tánger. Un dato importante es el terror que ésta le tiene al mar, aunque había navegado antes, siempre había sido junto a su pareja. El libro va intercalando estos momentos con las historias de las mujeres en la floristería y cómo surgió este viaje, cómo nuestra protagonista fue evolucionando hasta conseguir llegar hasta donde estaba: camino a Tánger junto con las cenizas de su querido Óscar.

Otra de las mujeres que compran flores es Aurora la pintora. A ésta le achacan el "Síndrome de la Bella Sufriente". Creció bajo la sombra de un padre muy machista, una severa madre  y la "ley del silencio" que se aplicaba en su casa. Ahora vive con un hombre que se aprovecha de ella y, conforme a su pasado, ella lo acepta sin rechistar. Es más, llega al punto de rechazar presentar sus obras en Alemania por su pareja.

-Yo no cogeré ese barco, Aurora, si tú no coges ese avión a Frankfurt. Y le dices a Maxi antes de irte que no esté en casa cuando vuelvas.

También conocemos a Casandra - síndrome de la Superwoman -  una mujer dispuesta a controlar su entorno a toda costa y a enviarse a sí misma flores a la oficia continuamente. Es independiente y prioriza su éxito profesional ante su vida personal. Casandra es fuerte y considera que no es tan femenina ni necesita a nadie, se diría que la Superwoman "huye del amor". Aunque es todo lo contrario a Marina, las dos empatizan profundamente la una con la otra. Casandra tiene un amante... o dos y al final su historia da un giro que ni ella se esperaba.

Victoria es un poco como Casandra pero a lo "yo puedo con todo sea lo que sea". Ella tiene el "Síndrome de la omnipotente", es la mejor madre, la mejor trabajadora, la mejor hija... pero tiene un amante con el que tiene una relación complicada

Y, por último, tenemos a Gala con su síndrome de Galatea, feminista, coqueta y defensora de todos los derechos de la mujer. Busca no perder la pasión en su vida. Entre copas con Marina conocemos su historia, Gala cree que está muy bien sola yendo de un hombre a otro hasta que encuentra a alguien... y la cosa cambia.

Pero el núcleo que junta y guía a nuestras mujeres que compran flores es la dueña de la floristería, la misteriosa Olivia, con un duro pasado es sabia, reflexiva pero muy cerrada en lo que respecta a sí misma. La florista es la que empieza a abrirle los ojos a Marina, la que le hace ver que debe despertar de su letargo.

Si destacara un tema de este libro es, sin lugar a dudas, la independencia de la mujer. Marina ha sido casi toda su vida dependiente de Óscar y Casandra y Gala todo lo contrario. La autora nos muestra dos extremos intentando comprender hasta donde podemos llegar las mujeres y cómo estamos más preparadas para todo de los que tanto hombres como mujeres pensamos.

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Recuerdo haber sentido en ese momento un arrebato de ira: qué injusto era ser mujer, casi siempre. En cada momento luchando contra un gigante distinto. Qué absurdo y cuánto dolor había causado tener que lidiar con el rechazo de una sociedad cuyo único entretenimiento era saber si tenías o no un hombre al lado.



El lenguaje que usa Vanessa Montfort es sencillo, generalmente comprensible excepto que cuando se trata el tema del viaje de Marina usa tecnicismos de navegación que, para quienes no sabemos del tema, ns puede resultar incomprensible y engorroso. Se nota el conocimiento de la autora sobre esos temas y, como no, el tema de las flores. No sé si se informaría para la novela o ya lo sabía, pero son conceptos y situaciones que no se saben así porque sí.

Como he dicho anteriormente, cada uno percibe las cosas de una manera, a mí el libro me ha gustado y lo recomiendo a quien le guste la temática pero, según me lo habían recomendado, pensé que me gustaría y aportaría mucho más. La nota que le pongo es un 6,5/10 por lo anteriormente dicho.

Saludos!




Pd: Por cierto, como os he dicho antes, aquí dejo el link a la reseña de Esther García. Echad un vistazo al blog que es muy bueno! 



Mujeres que compran flores. Vanessa Montfort Ed. Plaza Janés