sábado, 27 de abril de 2019

El desafío de Becca



Esta puede ser tu historia desgarradora de amor. La que un día te tiene oliendo flores, y al otro te pone mirando cara a la pared, balanceándote hacia delante y hacia atrás como una pirada. ¿De verdad crees que un tío que te salvó la vida, a riesgo de perder la suya, no vale la pena? Vale, tiene muy mal carácter, y se ha pasado. Pero no me digas que ese aire de hombre primitivo no te pone un poco. Lo máximo que habría hecho el padre de Iván por mía habría sido defenderme en el WarCraft, y seguro que me habría vendido por unos cuantos hechizos… Ríñele. Riñe a Axel por cómo se portó contigo. Pero no le odies…

Un momento, Becca…

SINOPSIS
A Becca le han pasado muchas cosas buenas con su nuevo programa, pero también hay algunas malas…
Sin embargo, no pierde nunca su sonrisa ni la esperanza de saber quién es en realidad Axel. Con El desafío de Becca volveremos a emocionarnos: Eli y Carla le darán una sorpresa; aparecerá su ex novio, sí, ese maldito que la dejó por ¡FaceTime!; tomará de nuevo las riendas de su programa y conocerá a adorables y disparatados pacientes, mientras intenta ignorar que su peligroso acosador sigue libre y pisándole los talones.
Nuestra psicóloga favorita volverá a sufrir, a amar, a disfrutar, a quedarse sin aliento, y todo con Axel, el dios del Olimpo, que empieza a mostrarnos su verdadero rostro.


Dejamos a Becca en el hospital un poco desorientada y desesperada por tener noticias de Axel, cuando recibe una visita inesperada que le hace pensar mucho en quién era hace mes y medio y quién es y qué quiere ahora: David. Su ex vuelve para intentar recuperarla pero no se da cuenta de que Becca ya no es la misma tonta a la que no tuvo el valor de dejar en persona y recurrió a FaceTime. Desde entonces la protagonista ha ido evolucionando en todos los sentidos y, aunque David forma parte de lo que supondría su zona de confort, Becca ha decidido desligarse para siempre de él y ver qué es lo que le depara el futuro y el amor… y Axel.

En esta entrega, aparte de los personajes esenciales, vuelven algunos que conocimos en El diván como Fayna, la paciente sin complejos con su narcolepsia y sus ronquidos. En esta segunda parte podemos ver cómo se ha creado un vínculo muy fuerte entre Becca y ella cuando, sin pensarlo dos veces, tras el accidente de ésta, decide coger un avión e ir a visitarla para asegurarse de que está bien y para acabar desubicándola más con “el dios del Olimpo”. Además, al final del libro el equipo de El diván se desplaza a Tenerife, lo que nos indica que esta simpática paciente aparecerá de nuevo para hacernos reír y tocarnos de nuevo el corazón.

También Carla y Eli, hermana y amiga de Becca, en esta parte reciben mayor protagonismo ya que, cuando la protagonista se encuentra con ellas tras su accidente, algo les ocurre, hay algo entre ellas que todo indica que han peleado. ¿Por algún hombre quizá? Además, son invitadas por Becca a formar parte de una terapia de un paciente que no tiene respeto por las mujeres, para quien son simplemente un objeto para pasarlo bien. Aquí entran en escena las dos en forma de diosas de la noche y es entonces cuando se descubre el pastel y sabemos qué pasa con ellas dos. Y todo lo que les rodeaba cambia.

Al principio del libro Axel es, tanto para Becca como para todos nosotros, una incógnita, alguien inaccesible emocionalmente a quién, además, sus horribles celos hacen que se comporte de una manera que la terapeuta se replantee si merece o no la pena dejarse enamorar por este dios del Olimpo. Pero cuando todo se aclara entre los dos, muy lentamente la coraza de Axel empieza a mostrar unos pequeños agujeros. Cuando empieza a mostrar mínimamente su interior, de alguna manera (al menos para mí) Axel comienza a volverse atractivo ya que por mucho que lo sea físicamente, si luego es un hombre despreciable, pierde todo su sex-appeal. Además dedica unas palabras a Becca que jamás podríamos imaginar que usaría: dice que es mágica, que jamás se ha sentido como se siente cuando está con ella y habla hasta de miedo. Del miedo que tiene a cagarla y perderla.

Por el amor de Dios, este hombre me tiene sorbido el seso (…) (Pienso) en él y en su manera de hablarme, de mirarme sin perder un solo detalle de mi rostro, de tocarme como si no hubiera un mañana, de besarme como si quisiera alimentarse de mi boca. Es tan sensual. Tan sexual. Tan… irresistiblemente sucio e intenso en la cama, que es un mundo nuevo para mí. Y deseo explorarlo.

El gran protagonista del libro como paciente diría que es Eugenio, un hombre sin autoestima, con miedo a salir a la calle y ser juzgado por su aspecto físico. En la primera parte del libro se reflexiona mucho sobre la sociedad y la superficialidad de ésta.

La belleza solo reside en el modo de mirar.

La mayoría de las personas, me atrevería a decir, se fija solo en lo que ve, en lo de fuera, y no hablo sólo en temas amorosos, sino de cualquier tipo. A veces, la gente no se molesta en descubrir qué hay más allá de esa persona aparentemente fea porque como bien dice nuestra terapeuta favorita tienen “fobia a la fealdad, a lo desconocido” y, muchas veces así pierden cosas maravillosas como en el caso de Eugenio y El Ratatouille.

Con tantos prejuicios uno cree que tiene que ser perfecto  para encajar. Y no hace falta encajar en ningún lugar. Solo hay que encajar en nuestro propio corazón.

Me gusta mucho eso de esta trilogía que se centra en muchos temas no sólo en la relación Becca – Axel sino también en El diván, el tema del acosador, las amistades de Becca y sus problemas y los pacientes. Los pacientes para mí son el punto esencial que hace que el libro no sea sólo una atípica historia de amor. Cada paciente es un mundo y lleva con su caso un trasfondo de ayuda a aquellos lectores que, lejos de sufrir estas fobias o problemas, sí que en algún momento se sienten identificados con  éstos. Sobre todo con Eugenio y me atrevería a decir esto ya que  en alguna ocasión yo misma me he sentido como él. Reconozco su miedo a la opinión de los demás y que le juzguen simplemente por lo que ven, sin mirar más allá. Incluso una temporada hace tiempo llegué a sentir esa agorafobia, el estar en cualquier sitio fuera de casa y no acabar de sentirte bien porque piensas que la gente te mira, te juzga y se ríe de ti. Sentir incluso mareos y la necesidad imperiosa de meterte debajo de las sábanas aun cuando en realidad nadie se ha fijado si quiera que estás ahí.

Al margen de esto, me gustaría comentar sobre el acosador que en la primera parte de la trilogía creo que se le da más importancia, en El desafío de Becca, aunque es un tema presente, de alguna manera pasa a segundo plano hasta la parte final cuando nuestra terapeuta es secuestrada y al fin sabemos su identidad… o no. Por otra parte, me ha parecido bastante típico que en primera instancia, el acosador se muestra con la máscara de Vendetta. Quizá no hubiese estado de más variar el disfraz con el que darse a conocer.

En la segunda parte del libro el protagonismo se lo lleva el siguiente paciente y todo lo que le rodea: Roberto. Cuando está por finalizar la primera terapia y estás deseando ver el resultado final de Eugenio, este caso un tanto especial introducido por Fede (jefe de Becca) se interpone ante todo y hace que Axel saque las uñas. 

Quisiera comentar que en la escena del Chantilly (consecuencia de la terapia con Roberto) la autora nos describe el lugar como un sitio muy negro, muy fuera de lo normal, oculto del mundo donde suceden todo tipo de perversiones como si fuera un sitio extraño que solo se da en lugares recónditos cuando en el mundo real hay cantidad de sitios así y no están ocultos sino abiertos al público de la manera más normal del mundo y la gente convive con ellos sin ningún problema. Ahora bien, el tema de las drogas que se consumen allí (en el libro) y tal, quizá ya sea algo que en la vida real lleven los clientes en su privacidad y, obviamente, no tienen nada que ver con los dueños o empleados de los locales.

Como escena, me gustaría destacar la de la nieve. La que sucede en la sierra y parte de la terapia con Eugenio. Cuando el paciente se enfrenta a la multitud y corre me parece un momento de mucha emoción y tensión. Creo que es una de las situaciones más especiales del libro, ver y sentir como poco a poco Eugenio se libera de sus miedos y perdona a todos, incluido el mismo. Además, lo que sucede acto seguido con la tormenta eléctrica creo que es uno de los momentos más fuertes y de máxima tensión en el que llega un momento que es casi perceptible el frío, la sensación de congelación que sufre Becca. Lena Valentí ha descrito muy bien la escena y se sufre de verdad aunque al final cabe, como dice Homer Simpson, con erótico resultado (o semi – erótico).

El lenguaje que la autora utiliza, al igual que en la anterior entrega, es sencillo, dinámico y actual con referencias a la época en la que se desarrolla la historia (2016). Fácil de entender aunque en contadas ocasiones diga alguna palabra que no todo el mundo podría entender. Las escenas eróticas están bien trabajadas: da detalles pero justos, sin ser soez, ni caer en la vulgaridad pero, a la vez, sin ser muy “puritano”. Y todo el libro en general está bien trabajado de manera que, como el anterior, una vez que empiezas no puedes dejar de leer.

Tras todo esto, sólo puedo decir que no veo la hora de poder leer la última parte de la trilogía y saber qué acontece a nuestros protagonistas ya que El desafío de Becca tiene un final incluso más impactante que el anterior. Recomiendo otra vez esta trilogía 100% y espero que si la leéis me comentéis si os engancha tanto como a mí o no y… lanzo una pregunta al aire: ¿qué pensáis realmente de Axel?

¿Qué le ha quedado pendiente por resolver? Tengo que trabajar mucho con él para que me lo diga. Y no será hoy. Ni mañana. No sé cuándo, pero aún queda mucho para descubrir al verdadero Axel. Esta es solo la punta del iceberg, y yo quiero hurgar en todo lo que hay debajo.

Saludos!


No molestar. Estoy en terapia con Becca.



El desafío de Becca. Lena Valentí

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