Esta
puede ser tu historia desgarradora de amor. La que un día te tiene oliendo
flores, y al otro te pone mirando cara a la pared, balanceándote hacia delante
y hacia atrás como una pirada. ¿De verdad crees que un tío que te salvó la
vida, a riesgo de perder la suya, no vale la pena? Vale, tiene muy mal
carácter, y se ha pasado. Pero no me digas que ese aire de hombre primitivo no
te pone un poco. Lo máximo que habría hecho el padre de Iván por mía habría
sido defenderme en el WarCraft, y seguro que me habría vendido por unos cuantos
hechizos… Ríñele. Riñe a Axel por cómo se portó contigo. Pero no le odies…
Un
momento, Becca…
SINOPSIS
A
Becca le han pasado muchas cosas buenas con su nuevo programa, pero también hay
algunas malas…
Sin
embargo, no pierde nunca su sonrisa ni la esperanza de saber quién es en
realidad Axel. Con El desafío de Becca volveremos
a emocionarnos: Eli y Carla le darán una sorpresa; aparecerá su ex novio, sí,
ese maldito que la dejó por ¡FaceTime!; tomará de nuevo las riendas de su
programa y conocerá a adorables y disparatados pacientes, mientras intenta
ignorar que su peligroso acosador sigue libre y pisándole los talones.
Nuestra
psicóloga favorita volverá a sufrir, a amar, a disfrutar, a quedarse sin
aliento, y todo con Axel, el dios del Olimpo, que empieza a mostrarnos su
verdadero rostro.
Dejamos
a Becca en el hospital un poco desorientada y desesperada por tener noticias de
Axel, cuando recibe una visita inesperada que le hace pensar mucho en quién era
hace mes y medio y quién es y qué quiere ahora: David. Su ex vuelve para
intentar recuperarla pero no se da cuenta de que Becca ya no es la misma tonta
a la que no tuvo el valor de dejar en persona y recurrió a FaceTime. Desde
entonces la protagonista ha ido evolucionando en todos los sentidos y, aunque
David forma parte de lo que supondría su zona de confort, Becca ha decidido
desligarse para siempre de él y ver qué es lo que le depara el futuro y el
amor… y Axel.
En
esta entrega, aparte de los personajes esenciales, vuelven algunos que
conocimos en El diván como Fayna, la
paciente sin complejos con su narcolepsia y sus ronquidos. En esta segunda
parte podemos ver cómo se ha creado un vínculo muy fuerte entre Becca y ella
cuando, sin pensarlo dos veces, tras el accidente de ésta, decide coger un
avión e ir a visitarla para asegurarse de que está bien y para acabar
desubicándola más con “el dios del Olimpo”. Además, al final del libro el
equipo de El diván se desplaza a Tenerife, lo que nos indica que esta simpática
paciente aparecerá de nuevo para hacernos reír y tocarnos de nuevo el corazón.
También
Carla y Eli, hermana y amiga de Becca, en esta parte reciben mayor protagonismo
ya que, cuando la protagonista se encuentra con ellas tras su accidente, algo
les ocurre, hay algo entre ellas que todo indica que han peleado. ¿Por algún
hombre quizá? Además, son invitadas por Becca a formar parte de una terapia de
un paciente que no tiene respeto por las mujeres, para quien son simplemente un
objeto para pasarlo bien. Aquí entran en escena las dos en forma de diosas de
la noche y es entonces cuando se descubre el pastel y sabemos qué pasa con
ellas dos. Y todo lo que les rodeaba cambia.
Al
principio del libro Axel es, tanto para Becca como para todos nosotros, una incógnita,
alguien inaccesible emocionalmente a quién, además, sus horribles celos hacen
que se comporte de una manera que la terapeuta se replantee si merece o no la
pena dejarse enamorar por este dios del Olimpo. Pero cuando todo se aclara
entre los dos, muy lentamente la coraza de Axel empieza a mostrar unos pequeños
agujeros. Cuando empieza a mostrar mínimamente su interior, de alguna manera (al menos
para mí) Axel comienza a volverse atractivo ya que por mucho que lo sea
físicamente, si luego es un hombre despreciable, pierde todo su sex-appeal.
Además dedica unas palabras a Becca que jamás podríamos imaginar que usaría:
dice que es mágica, que jamás se ha sentido como se siente cuando está con ella
y habla hasta de miedo. Del miedo que tiene a cagarla y perderla.
Por el amor de
Dios, este hombre me tiene sorbido el seso (…) (Pienso) en él y en su manera de
hablarme, de mirarme sin perder un solo detalle de mi rostro, de tocarme como
si no hubiera un mañana, de besarme como si quisiera alimentarse de mi boca. Es
tan sensual. Tan sexual. Tan… irresistiblemente sucio e intenso en la cama, que
es un mundo nuevo para mí. Y deseo explorarlo.
El
gran protagonista del libro como paciente diría que es Eugenio, un hombre sin
autoestima, con miedo a salir a la calle y ser juzgado por su aspecto físico.
En la primera parte del libro se reflexiona mucho sobre la sociedad y la
superficialidad de ésta.
La belleza solo
reside en el modo de mirar.
La
mayoría de las personas, me atrevería a decir, se fija solo en lo que ve, en lo
de fuera, y no hablo sólo en temas amorosos, sino de cualquier tipo. A veces,
la gente no se molesta en descubrir qué hay más allá de esa persona
aparentemente fea porque como bien dice nuestra terapeuta favorita tienen
“fobia a la fealdad, a lo desconocido” y, muchas veces así pierden cosas
maravillosas como en el caso de Eugenio y El Ratatouille.
Con tantos
prejuicios uno cree que tiene que ser perfecto
para encajar. Y no hace falta encajar en ningún lugar. Solo hay que
encajar en nuestro propio corazón.
Me
gusta mucho eso de esta trilogía que se centra en muchos temas no sólo en la
relación Becca – Axel sino también en El diván, el tema del acosador, las
amistades de Becca y sus problemas y los pacientes. Los pacientes para mí son
el punto esencial que hace que el libro no sea sólo una atípica historia de
amor. Cada paciente es un mundo y lleva con su caso un trasfondo de ayuda a
aquellos lectores que, lejos de sufrir estas fobias o problemas, sí que en
algún momento se sienten identificados con
éstos. Sobre todo con Eugenio y me atrevería a decir esto ya que en alguna ocasión yo misma me he sentido como
él. Reconozco su miedo
a la opinión de los demás y que le juzguen simplemente por lo que ven, sin
mirar más allá. Incluso una temporada hace tiempo llegué a sentir esa
agorafobia, el estar en cualquier sitio fuera de casa y no acabar de sentirte
bien porque piensas que la gente te mira, te juzga y se ríe de ti. Sentir
incluso mareos y la necesidad imperiosa de meterte debajo de las sábanas aun
cuando en realidad nadie se ha fijado si quiera que estás ahí.
Al
margen de esto, me gustaría comentar sobre el acosador que en la primera parte
de la trilogía creo que se le da más importancia, en El desafío de Becca, aunque es un tema presente, de alguna manera
pasa a segundo plano hasta la parte final cuando nuestra terapeuta es
secuestrada y al fin sabemos su identidad… o no. Por otra parte, me ha parecido
bastante típico que en primera instancia, el acosador se muestra con la máscara
de Vendetta. Quizá no hubiese estado de más variar el disfraz con el que darse
a conocer.
En
la segunda parte del libro el protagonismo se lo lleva el siguiente paciente y
todo lo que le rodea: Roberto. Cuando está por finalizar la primera terapia y
estás deseando ver el resultado final de Eugenio, este caso un tanto especial
introducido por Fede (jefe de Becca) se interpone ante todo y hace que Axel
saque las uñas.
Quisiera
comentar que en la escena del Chantilly (consecuencia de la terapia con
Roberto) la autora nos describe el lugar como un sitio muy negro, muy fuera de
lo normal, oculto del mundo donde suceden todo tipo de perversiones como si
fuera un sitio extraño que solo se da en lugares recónditos cuando en el mundo
real hay cantidad de sitios así y no están ocultos sino abiertos al público de
la manera más normal del mundo y la gente convive con ellos sin ningún
problema. Ahora bien, el tema de las drogas que se consumen allí (en el libro)
y tal, quizá ya sea algo que en la vida real lleven los clientes en su
privacidad y, obviamente, no tienen nada que ver con los dueños o empleados de
los locales.
Como
escena, me gustaría destacar la de la nieve. La que sucede en la sierra y parte
de la terapia con Eugenio. Cuando el paciente se enfrenta a la multitud y corre
me parece un momento de mucha emoción y tensión. Creo que es una de las
situaciones más especiales del libro, ver y sentir como poco a poco Eugenio se
libera de sus miedos y perdona a todos, incluido el mismo. Además, lo que
sucede acto seguido con la tormenta eléctrica creo que es uno de los momentos
más fuertes y de máxima tensión en el que llega un momento que es casi
perceptible el frío, la sensación de congelación que sufre Becca. Lena Valentí
ha descrito muy bien la escena y se sufre de verdad aunque al final cabe, como dice
Homer Simpson, con erótico resultado (o semi – erótico).
El
lenguaje que la autora utiliza, al igual que en la anterior entrega, es sencillo,
dinámico y actual con referencias a la época en la que se desarrolla la
historia (2016). Fácil de entender aunque en contadas ocasiones diga alguna
palabra que no todo el mundo podría entender. Las escenas eróticas están bien
trabajadas: da detalles pero justos, sin ser soez, ni caer en la vulgaridad
pero, a la vez, sin ser muy “puritano”. Y todo el libro en general está bien
trabajado de manera que, como el anterior, una vez que empiezas no puedes dejar
de leer.
Tras
todo esto, sólo puedo decir que no veo la hora de poder leer la última parte de
la trilogía y saber qué acontece a nuestros protagonistas ya que El desafío de Becca tiene un final
incluso más impactante que el anterior. Recomiendo otra vez esta trilogía 100%
y espero que si la leéis me comentéis si os engancha tanto como a mí o no y… lanzo
una pregunta al aire: ¿qué pensáis realmente de Axel?
¿Qué le ha quedado
pendiente por resolver? Tengo que trabajar mucho con él para que me lo diga. Y
no será hoy. Ni mañana. No sé cuándo, pero aún queda mucho para descubrir al
verdadero Axel. Esta es solo la punta del iceberg, y yo quiero hurgar en todo
lo que hay debajo.
Saludos!
No
molestar. Estoy en terapia con Becca.
El desafío de Becca. Lena Valentí

