viernes, 5 de mayo de 2017

Melocotón loco


Olvida la tontería esa de que sientes algo por mí. Entiérralo.
 Porque entre nosotros nunca existirá nada más que amistad.

Oh, vaya…

SINOPSIS
Ana y Nekane regentan un estudio de fotografía en el casco antiguo de Madrid. Un día se declara un incendio en su edificio y, aunque están acostumbradas a trabajar con modelos de lo más glamurosos, no pueden dejar de sorprenderse ante aquellos valerosos “machomanes” vestidos de azul que no se preocupan porque su pelo se encrespe ni sus manos se ensucien.
Cuando el objetivo de la cámara de Ana se centra en Rodrigo, su corazón le indica que ya nada volverá a ser igual. Él se da cuenta de lo embobada que lo está mirando y, a pesar de que no le gusta, inician una extraña amistad.
Todo se complica cuando Ana descubre que está embarazada y Nekane la anima a que cumpla su fantasía sexual con el bombero antes que la barriga, las estrías y los vómitos matinales se manifiesten y lo espanten.
Pero una mentira de Ana a sus padres ocasionará un sinfín de enredos y situaciones alucinantes que dejarán a Rodrigo sin habla.
Una novela entretenida, auténtica y divertida que no te dejará indiferente. ¿Te la vas a perder?


Dicen que la amistad entre un hombre y una mujer no es posible, que uno de ellos acaba por sentir algo por el otro… y Ana, la protagonista de Melocotón loco es un claro ejemplo de este dicho. Una amistad metida con calzador la une a Rodrigo, uno de los bomberos presentes en un pequeño incendio en su edificio.

Una amiga ya me advirtió que la novela es muy intuitiva, sin embargo le encantó y por eso he seguido adelante a pesar de que hasta más o menos el capítulo 8, no me llamaba mucho la atención lo que estaba leyendo. Pero conforme se desarrollan los locos y sin sentido acontecimientos, la novela empieza a atraerte sin darte cuenta.

Conforme he dejado caer antes, la amistad entre los dos protagonistas no tiene mucho sentido porque se realiza bajo un contexto bastante rebuscado y se suceden una serie de acontecimientos en los que cada vez piensas más “Esto no tiene ni pies ni cabeza”. Ana es una chica que, en un principio parece con los pies en la tierra y las cosas típicas de la edad, pero conforme avanza su embarazo, su actitud cambia no sé si intencionada o casualmente y se vuelve a veces una adolescente, a veces una adulta realista.

Sin embargo, Rodrigo desde un principio tiene una actitud un poco altanera y egocéntrica y, aunque, en ocasiones da su brazo a torcer por Ana, no me agrada mucho su manera de ser. No obstante, en ciertos contextos como cuando se rodea de su familia, sin querer deja ver otra faceta de él más humana, amable y sincera.

De alguna manera Ana se ve en medio de una situación complicada para la familia de Rodrigo sin que él se entere y ahí es cuando la muchacha muestra su valor empatizando con una mujer que desde que la conoce la ha despreciado.

Pensaba que la novela finalizaría tras el parto, pero no. Tras esto, algo cambia en Rodrigo como era de esperar a pesar de que tratan de poner distancia entre ellos y aunque piensas que el final está cerca aún quedan más de cien páginas esperando.

Creo que la novela se extiende demasiado porque, como ya he comentado, hasta poco después del parto hubiese estado bien, sin embargo, sigue alimentando la espiral de sucesos y momentos sin sentido todo para llegar al punto al que todos sabíamos que iba a llegar. Me encantan las historias de amor enrevesadas pero, en ciertas ocasiones, no está demás quitar la paja y ser conciso para llegar bien al corazón.


Saludos!

Melocotón loco. Megan Maxwell

sábado, 25 de marzo de 2017

No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas


Me niego a quererte.
Me escapo de ti.
Pero la gravedad con su ley
Me hace volver a caer.
Y ahí estás,
Tan cerca otra vez
Que tengo que huir.


Oh, vaya…

SINOPSIS
Si estás leyendo estas líneas es que te ha llamado la atención el título. ¿Te gustaría decírselo a alguien? ¿Serías capaz de decírtelo a ti mismo?
Y lo más importante: ¿te gustaría mantener durante un buen rato la sonrisa que se te ha quedado en la cara? Pues esta es tu novela.
Te podríamos contar con más o menos gracia de qué va la cosa, para que te hicieras una idea: que si la protagonista, Sara, es muy maja, que si tiene un trabajo muy interesante (es plumista, ¿a que nunca lo habías oído?), que si es un pelín obsesiva y alérgica a los sobresaltos…
Por supuesto, la vida se le complica y se encuentra con que su piso se convierte en una especie de camarote de los hermanos Marx cuando en la misma semana se meten a vivir con ella su padre deprimido, su hermana rebelde y su excéntrico prometido y, sobre todo, el novio al que lleva mucho tiempo sin ver…
Pero mejor no te lo contamos porque te gustará leerlo. Lo único que necesitas saber es que, desde el título, te garantizamos unas cuantas horas de descacharrante diversión como hacía tiempo que no disfrutabas.


Empecé a leer No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas casi tres años después de su publicación, después de que se convirtiera en un efímero fenómeno y después de que dejara de estar disponible en los cines. Una amiga se lo dejó a otra y se desternillaban de risa comentando diferentes escenas o aspectos del libro. Obviamente, yo también quería experimentarlo.
Hasta bien avanzado el capítulo 3 no empecé a engancharme, la persona que me lo dejó me dijo que apenas había leído nada, que enseguida me empezaría a reír y me enamoraría. Sin embargo, eso no ha sucedido.
Me gusta. El libro es agradable, atrayente  y acompaña bastante a una tarde en un banco leyendo. No voy a negar que me haya sonsacado alguna sonrisa. Sin embargo, como me dijo una vez un profesor, en mi opinión, es un libro pasatiempo. Lo lees, lo pasas bien y lo dejas olvidado en tu biblioteca por mucho tiempo, no te aporta nada a tu vida y… eso es raro ya que yo siempre me llevo una parte de los libros para mí.
El karma siempre ha jugado un papel importante en mi vida y, quien me conozca, sabrá que es cierto. Pero también, el hecho de que como bien dice Sara una vez: “Qué mal karma ni que mal karma, yo, que soy gilipollas, (…). Pero es lo que me pasa siempre, que soy gilipollas “. Y parafraseando un poco “No hace falta decir nada más”.
Hablando de Sara… por más que lo he intentado, no le he cogido cariño a nuestra protagonista. No tengo nada en contra de ella, pero no me inspira mucho afecto, es más, con Roberto, con esa sosería y esos aires de “me da un poco igual todo” me he encariñado en seguida. Quizá si hubiese leído este libro un poco más joven me hubiese reído a carcajadas y enamorado de todos y cada uno de los personajes, sobre todo de Aarón, el personaje predilecto.
Y China… China es una locura sin sentido. Desde que Sara se planta en el avión hasta que vuelve a casa. Aunque empiezan a contextualizarse las cosas con Roberto, lo que sucede me parece bastante surrealista. Ahí ha sido cuando he empezado a pensar que quizá no era el personaje que yo pensaba, no obstante, sigue siendo mi favorito. Una vez Sara vuelve a España la novela se vuelve más tranquila y realista, los personajes (a su manera) comienzan a ponerse en su sitio y normalizar la situación. La escena del videoclip me gusta, sin embargo, no la he vivido con toda la emoción con la que podría haberlo hecho ya que claro, no he podido encariñarme con Aarón.
No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas es una novela entretenida, que te provoca en ocasiones una sonrisa pero, la verdad esperaba un poco más al ver el éxito rotundo que ha alcanzado. No obstante, tengo pendiente la película y la segunda parte Ante todo mucho karma. A pesar del sabor agridulce que me ha dejado esta historia, tengo curiosidad, y ganas de dar otra oportunidad a Sara y compañía.

Saludos!


No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas. Laura Norton